¿Te marchitas o floreces?

 

¿Te marchitas o floreces?

Aprendizaje esperado: nombra cómo se siente cuando una persona lo tratan bien o mal.

Énfasis: identifica acciones o palabras que lo hacen sentir a él/ella o a otros mal o bien.

¿Qué vamos a aprender?

Nombraras cómo te sientes cuando una persona te trata bien o mal.

Identificarás acciones o palabras que te hacen sentir a ti o a otros mal o bien.

Identificarás tus emociones y la forma en cómo te comportas a partir de cómo te sientes, es un tema muy importante porque se refiere al trato que recibes de otras personas y también del trato que das a otras personas.

¿Qué hacemos?

Existen plantas que son idénticas pero unas se marchitan y otras que no, ¿Quieres saber por qué?

Se hizo un experimento con dos plantas exactamente iguales. La hipotesis del experimento fue: El buen trato hará que la planta florezca, el maltrato hará que la planta se marchite.

En el procedimiento: Una fue maltratada y la otra tenia un buen trato.

¿Tú crees que las plantas sienten algo cuando les das buen trato o maltrato?

La planta que recibió trato amable y amoroso, de acuerdo a sus necesidades, no solo permanecio hermosa sino que floreció y nos regaló el hermoso aroma de sus flores.

La planta que no recibió atenciones o cuidados necesarios, no creció ni floreció, es más, poco a poco fue perdiendo su belleza, el maltrato hizo que se marchitara.

Pero el maltrato no solo afecta a quien lo recibe.

En las personas ocurre lo mismo, los niños y niñas cuando reciben maltrato se sienten tristes, enojados o incluso llegan a sentir miedo; en cambio los niños que reciben un buen trato, se sienten tranquilos, alegres.

Es muy importante nombrar lo que sientes, cuando te das cuenta de lo mal que se siente el maltrato, también puedes darte cuenta de lo que otras personas sienten cuando las maltratas pero también estas aprendiendo a reconocer el buen trato y lo maravilloso que se siente tratar bien a otras personas y a las plantas.

Te invito a leer el siguiente cuento que es muy bonito y triste a las vez pero sobre todo maravilloso. Se llama El Niño y el Quetzal. No olvides que puedes pedir la ayuda de tu acompañante para la lectura del cuento:

EL NIÑO Y EL QUETZAL

Personajes:

El sabio.

El niño de la tierra.

Chico.

Uraquimataro.

El pez.

El insecto.

El quetzal.

El padre.

ACTO 1

El SABIO: Estoy maravillado de mirar a tantos niños. ¡Oh! qué barbaridad no me he presentado.

Soy hojas, tierra, humedad, troncos, raíces, piedras, un nido, una rama, he vivido aquí desde la creación de la primera célula vegetal. Hace millones de años, las tinieblas cubrían los abismos, el primer rayo de luz llegó a alumbrar la oscuridad, la primera gota de agua se reproducía así, surgió el mar, del mar brotó la tierra firme, las primeras hortalizas se comenzaron a engendrar, los árboles frutales germinaron, cada uno con semillas diferentes para alimentar a cada especie, las grandes lámparas brillaban, la luna para la noche y el sol para el día, los mares se llenaron de diversas criaturas, las aves se multiplicaron y cubrieron los cielos y el amanecer y el atardecer danzaban con sincronía. Miré animales vivientes de diferentes especies, animales del campo, reptiles y animales salvajes.

Vi nacer al primer hombre, la tierra germinaba frutos para él, variedades de plantas y animales habitaban sobre la tierra, así estuvieron terminados el cielo y la tierra.

¡Qué barbaridad! ¿Qué es lo que veo? ¡destrucción! los mares contaminados, árboles destruidos, mientras el desastre predomina en el mundo la tierra está gritando, necesita ayuda.

No puedo más que gritar de dolor, el dolor recorre mis entrañas, la nostalgia me invade, mi aliento se comprime, veo que el mal crece y viene hacia mí.

Se han vuelto seres sin corazón, sin recuerdo del mundo al que pertenecen. El hombre fue elegido para que cuidara y cultivara la tierra, han olvidado sus raíces, la memoria, la energía vital de la vida, han olvidado a su creador, a sus abuelos, olvidaron que necesitan mi aliento, han defraudado su casa que se consume lentamente, se están matando y matan también todo a su paso.

¡Debo hacer algo!

Pero a mí no van a escucharme, ni siquiera pueden verme, pero guardo la esperanza de que recuerden mis frutos.

De las entrañas de la tierra nacerá un ser que deberá tener un cuerpo, ojos, una voz que haga que lo escuchen, un rostro y un corazón como el que el hombre ha perdido.

¡Un niño! en el centro de su corazón se engendrará la esperanza y el amor por la naturaleza y la sensibilidad para ser un guía y mensajero, buscará almas puras, fértiles donde sembrará la semilla que dará fruto a las nuevas generaciones, dotadas de sabiduría e inteligencia para reconocer a la madre tierra como dadora de vida.

Los campos reverdecerán, las aves cantarán y el maíz volverá a dar frutos vírgenes, la lluvia se adornará de cantos, en la profundidad de los mares retumbarán los ecos de la tierra. El Quetzal extenderá sus alas, bailará los cantos de la tierra, escuchará las voces y retumbará el sonido del ave reina, el Quetzal dejará de ser un misterio.

El sabio se convierte en árbol, de la pequeña ventana del árbol (sabio), aparece una montaña y una casa de tamaño miniatura, se oye la voz del sabio.

SABIO: En el inicio de la montaña, se encontraba una pequeña casa, construida de madera donde vive Uraquimataro, un niño de escasos 9 años. Su padre era un hombre muy trabajador, todas las mañanas encendía una pequeña máquina que le permitía talar árboles con mayor rapidez, al terminar su jornada se dirigía a casa y tomaba un pequeño descanso, a la otra orilla del monte vivía “Chico” era un jovenzuelo de once años, delgado y muy ágil, siempre sonriente, vivaracho, de dientes agudos como una ardilla, de ojos centelleantes cuando el sol le daba de frente en su rostro moreno, por esa extraña mezcla multicolor de sus pupilas le apodaban “El Hungaro”.

En casa de Uraquimataro, Chico, no era bien visto, desde luego, porque era un vagabundo que siempre vivía en los potreros y huertas, robando frutas, saqueando los gallineros de los vecinos y persiguiendo con una enorme resortera las liebres, iguanas, armadillos y cuanto animal se le ponía en frente.

En casa de Uraquimataro, marca el reloj las 5 de la tarde, se oyen dos chiflidos. Uraquimataro se asoma a la ventana, sale silenciosamente brincando la cerca del patio trasero.

URAQUIMATARO : Corre, corre, si mi padre me ve salir, Chico corre. Mientras Chico corre, repite cantando, Chico se llama el fruto, Chico se llama el mono y Francisco mi mero nombre.

SABIO: Chico no necesitaba de los cuidados de nadie, no iba a la escuela, no se tenía que bañar bajo vigilancia, ni cuidar la ropa, en la pesca no tenía igual, sabia no sé cómo, dónde se escondían las paguas más suculentas, los camarones de río, las mojarritas y toda aquella fauna acuática que paraba irremisiblemente en el bote donde se cocinaba el mejor caldo de mariscos del rumbo.

Corriendo los dos niños llegan al río, cruzan por la parte más estrecha.

SABIO: Chico y Uraquimataro cruzaron por entre las enormes piedras que también conocían con su exaltada imaginación como “El rebaño de elefantes” porque vistas desde lejos semejaban los traseros rugosos de una manada de paquidermos bebiendo agua.

Chico y Uraquimataro lanzan piedras, persiguen mariposas, ríen y finalmente llegan al río.

URAQUIMATARO: Llegamos al Río Grande, generalmente este era el límite de nuestras correrías, pero en esa tarde soleada fresca y húmeda como una sandía recién abierta, nos sentimos animados, a pesar del miedo que nos inspiraba lo desconocido, decidimos cruzar el Gran Río y para tener una mayor libertad de movimientos nos despojamos de las ropas y, con los corazones queriéndose salir del pecho, nos lanzamos al agua, su frescura alivió nuestros cuerpos ardientes y una gran sensación de bienestar nos embargó, pero solo por un instante, porque el gran señor del monte no estaba muy complaciente ese día, la turbulencia del agua nos arrebató hasta el centro de la corriente, pero reaccionamos con valentía y nadamos vigorosamente hasta alcanzar la otra orilla, jadeando salimos del río y nos contemplamos sonrientes, como dos pequeños Adanes en un nuevo paraíso.

SABIO: Todo el monte estaba impregnado de intensos y raros perfumes que emanaban de las plantas tropicales, los helechos gigantes, los arbustos, las campanitas azules y rojas, las menudas orquídeas silvestres y todo un mundo vegetal que emergía triunfante a su vista les daba el carácter de intrusos distinguidos en el mundo privado de la fantasía vegetal.

Así llegaron a un valle de pequeñas dimensiones, nunca habían estado allí, ni sospechaban su existencia, los dos niños se acercaban hacia lo desconocido.

El pez sale y comienza a nadar, busca una luz y la persigue. El sabio entra al agua convertido en una hoja.

SABIO: Hay un niño que está por nacer, excava hermoso pez, busca en lo más profundo del río.

PEZ: ¿Quién es ese niño?

SABIO: Viene a sembrar en los corazones amor por la naturaleza, demostrar que la tierra está viva, y desde los mágicos rincones saldrán sus más bellas palabras. Este niño viene a enseñar a cuidar el agua, las hojas, el aire, las mariposas, los colibríes y todo ser vivo, búscalo, es tu deber encontrarlo.

PEZ: Muéstrame el camino. Guíame.

El sabio toca su bastón y le muestra el camino para encontrar al niño de la tierra, el pez y el sabio se dirigen a la profundidad del gran río, el pez observa la mano del niño que está rodeada por enormes raíces, lentamente comienza a desenredar su cuerpo.

NIÑO DE LA TIERRA: ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí?

PEZ: Eres el mensajero.

NIÑO DE LA TIERRA: Mensajero ¿Qué debo hacer?

PEZ: Debes sembrar el amor a la naturaleza.

NIÑO DE LA TIERRA: ¿El amor?

PEZ: Tú eres la voz, eres el mensajero. (Susurrando)

NIÑO DE LA TIERRA: ¿Yo?

PEZ: Busca al Quetzal es el rey de la maleza vegetal, él es el maestro que te puede ayudar con solo mirar su vuelo, con sus plumas arroja conocimiento y libertad, el corazón que tú elijas para sembrar este mensaje deberá ser un alma pura, joven, que sea capaz de transmitir este mensaje a las futuras generaciones.

NIÑO DE LA TIERRA: ¿Pero cómo? ¿Por dónde debo buscar?

PEZ: Ven, anda, dame tu mano te llevaré a la superficie y estoy segura que encontrarás.

El pez conduce al niño a la superficie, se nota la mano del niño. Chico saca su resortera y apunta a la mano del niño de la tierra.

URAQUIMATARO: ¿Qué es?

CHICO: Es una pigua.

URAQUIMATARO: No es cierto, es…

Sale el niño de la tierra, los dos niños se sorprenden al verlo, ambos se alejan, Uraquimataro se acerca muy lentamente.

CHICO: Vámonos.

URAQUIMATARO: ¿Quién eres?

CHICO: ¡Vámonos! es un…

Uraquimataro y Chico se miran y corren.

URAQUIMATARO: Es hora de regresar, tal vez mañana volveremos.

Chico y Uraquimataro regresan a casa, el niño de la tierra se encuentra al sabio.

SABIO: ¿Qué tienes?

NIÑO DE LA TIERRA: No sé qué hacer, hoy vine a la tierra a traer un mensaje, siento en mis venas las palabras que debería pronunciar, pero no puedo.

SABIO: No te preocupes, la respuesta está en ti mismo, confía en tus sentimientos y encontrarás, cree, escucha, cree, escucha.

Lentamente la voz del sabio se desvanece, el niño de la tierra cierra sus ojos, mientras el sabio lo cobija. El sabio da la espalda convirtiéndose en un árbol.

ACTO 2

El padre de URAQUIMATARO se encuentra cortando los árboles, rápidamente se va acercando al sabio (árbol), del fondo del escenario aparece un insecto muy pequeño.

INSECTO: ¡Cuántos troncos! Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve. El insecto sigue contando hasta terminar su aliento, ríe a carcajadas.

INSECTO: Madera, muy fácil de roer.

(El insecto se acerca a un montón de basura y comienza a comer de ella mientras observa a Chico y Uraquimataro jugar en el río).

INSECTO: Amistad, amigos, va, eso no existe, son puras apariencias, sí, poco les durará el gusto, cuando menos lo esperen, todo terminará, todo se esfumará, como un soplido.

Chico se aleja y trepa al árbol (sabio) para cortar frutos, el insecto vuela a su hombro. El padre de Uraquimataro se aleja con una carga de troncos, el niño de la tierra despierta de su largo sueño, observa a Chico desprender los frutos, corre espantando y se encuentra con Uraquimataro, el niño de la tierra le enseña la pluma del Quetzal.

URAQUIMATARO: El ave Reina.

NIÑO DE LA TIERRA: Sí, ella.

URAQUIMATARO: Nadie la conoce, nadie la ha visto, se dice que existe, ¿Cómo llegó la pluma a tus manos?

(Desde lo lejos se oye el grito de Chico)

CHICO: Ven Uraquimataro, ven a cortar frutos conmigo, ven, sube al árbol.

El insecto le susurra al oído a Chico, mientras el niño de la tierra juega con Uraquimataro.

INSECTO: Él es tu amigo y por qué no está jugando contigo, no le importas, mira cómo ríen, si fuera tu amigo estaría contigo.

Encolerizado Chico baja del árbol, se sienta a observarlos, después de un momento Uraquimataro regresa con Chico.

URAQUIMATARO: Ven, vamos a jugar con el niño, es divertido.

El INSECTO: No vayas.

URAQUIMATARO: Ven, él nos va a enseñar.

CHICO: ¿Qué es lo que te va a enseñar?

INSECTO: No creo que le pueda enseñar, algo mejor que tú.

CHICO: Vámonos a casa.

URAQUIMATARO: No, quiero ir con el niño de la tierra, el me

va a mostrar.

El niño de la tierra observa a lo lejos.

CHICO: Dilo.

El insecto expande sus pupilas y agudiza sus sentidos.

URAQUIMATARO: El ave Reina.

El insecto se retuerce, el insecto (en su interior). No, el quetzal es el único que puede destruir mi hogar, él odia mi casa, no soporta mi olor, no soporta, no soporta, me encanta que el mundo tire, destruya, contamine, rompa, mutile, es mi casa, ahí vivimos.

INSECTO: No vayas, el quiere romper su amistad, no lo dejes ir, dile que es peligroso.

EL NIÑO DE LA TIERRA: Ven Uraquimataro, ven, sígueme, sígueme.

CHICO: ¿Qué tiene de especial ese pajarraco? dilo.

EL NIÑO DE LA TIERRA: Durante años el hombre ha perdido los sentidos, no escucha a la naturaleza, mis venas son las ramas de la tierra, mi sangre es el agua que corre por los ríos, el aire que respiras es mi aliento y el fuego es mi espíritu.

El hombre ha dañado mi corazón, cada que el hombre corta, me censura y me mutila, siento una daga que perfora mi corazón.

Construye edificios y pone parches en la tierra, la perfora, la mutila, corta sus extremidades destruye árboles que nos dan oxígeno.

INSECTO: (en su mente) Corta árboles (Le brillan los ojos al insecto.)

INSECTO: El padre de Uraquimataro se dedica a cortar árboles, lo único que quiere ese niño es quitarle el trabajo al padre de Uraquimataro, eso es lo que quiere.

CHICO: Lo único que quiere es quitarle el trabajo a tu padre, el vive de la madera, no puedes defraudarlo, te quedarías sin alimento, no vayas, ese niño solo vino a traernos problemas, problemas. Ya Uraquimataro, vamos a jugar, mira hay un pez ahí (Uraquimataro saca su resortera) ven, apunta, vamos a jugar como lo hacíamos antes, mira mataré a ese pez de un tiro. Chico apunta contra el pez.

URAQUIMATARO: Lo lastimaste, no me gusta dañar a los peces.

El niño de la tierra se acerca al pez y lo sostiene se da cuenta que el pez que está en sus manos es el pez dorado.

NIÑO DE LA TIERRA: Está lastimado.

El niño de la tierra suelta una lágrima sobre el pez, del rostro de Uraquimataro cae una lágrima. Chico por primera vez se conmueve.

INSECTO: (en su interior) mátalo, mata al pez.

PEZ: Busquen al Quetzal.

ACTO 3

El pez muere en los brazos del niño de la tierra, del cuerpo del pez se desprenden semillas, el niño de la tierra toma las semillas y comienza a sembrarlas junto con Chico y Uraquimataro, cae una fuerte lluvia, los niños se atajan debajo del árbol sabio, poco a poco los niños se van quedando dormidos. Al día siguiente las semillas comienzan a germinar, el insecto se acerca e intenta cortar la raíces, el Quetzal aparece, el insecto al mirar al Quetzal vuela rápidamente al otro lado del bosque, pelean, finalmente el Quetzal lo atrapa y se lo come, los niños despiertan de su largo sueño, miran atónitos al Quetzal.

SABIO: Desde la pequeña altura en que se hallaban, se dominaba toda su extensión cubierta de una finísima bruma que le daba un aspecto irreal a todo el conjunto.

Del otro lado del vallecillo, como fondo espectral, se contemplaba a bosque de niebla, sumido en una penumbra sigilosa que dejaba imaginar misterios insondables, era el reino de las grandes ceibas, los amenazantes matapalos, los cedros erectos; era el reino umbrío de las humedades, de la maleza extraña, del anófeles mensajero de las fiebres, de la nauyaca implacable, del bejuquillo y de mil acechanzas desconocidas, era en fin, el reino de la absoluta soledad, donde la neblina se deslizaba suave por entre la lujuria vegetal y acallaba todos los sonidos del mundo exterior.

De pronto, rompiendo la magia de esa armonía maravillosa, como un eco misterioso venido de remotos tiempos.

URAQUIMATARO: Escuchamos un graznido lastimero y sentencioso, como un llamado ancestral.

SABIO: Como un reclamo prehistórico, como el lamento de una especie en extinción.

URAQUIMATARO y CHICO: Nos llegó al fondo del alma despertando en nosotros extraños sentimientos, presos de una intensa emoción esperamos inmóviles mirándonos a la cara incrédulos.

CHICO: Un segundo graznido nos sacó del embelesamiento en que habíamos caído.

URAQUIMATARO: Casi al mismo tiempo murmuramos con temor religioso ¡El Quetzal!

CHICO: Es el Quetzal (repetía CHICO emocionado).

SABIO: El ave misteriosa, el rey de la silenciosa e imponente majestad del bosque, el que oculta su exótica belleza en el hueco de los inalcanzables árboles y que casi nadie ha visto “El símbolo de la libertad, el que no sobrevive al cautiverio.

URAQUIMATARO: Estaba allí ¡Lo sabíamos muy cerca de nosotros! por fin veríamos al rey.

SABIO: Con su penacho enhiesto, su plumaje verde tornasol, los matices amarillos y la mancha purpura estallando en su pecho y como en prolongación multicolor, las tres largas plumas de su cola dando a su cuerpo una dimensión mayor.

Todo el bosque guardó silencio para dar paso a la majestad del ave, fueron momentos de intensa emoción, de sobrecogedora reverencia al mito hecho presencia, desgarrando la azulosa neblina surgió el quetzal, batiendo lentamente sus alas cruzando el espacio.

La policromía insólita de su cuerpo semejaba un alto relieve sideral continuo su vuelo fugaz, el niño de la tierra y como un arcoíris que se esfuma, se desvaneció al otro lado del bosque.

SABIO: El crepúsculo maestro en los matices bellos, con su mágico pincel, había plasmado en el lienzo etéreo de la tarde, un sueño.

URAQUIMATARO: En silencio, ya con la noche encima, regresamos al pueblo, ni siquiera nos despedimos, no hacía falta.

SABIO: Estaban conscientes de haber sido tocados por la divinidad, porque se les había concedido el privilegio a todos negado, de ver al Quetzal, eran almas hermanas de una religión iniciada hace millones de años y su rito oficiado aquella tarde por el ave inmortal.

Fin.

Le estamos haciendo mucho daño a la tierra y mucho de eso empieza por el daño que nos hacemos entre las personas al maltratarnos, afortunadamente todas somos capaces de pensar en la importancia del buen trato, porque el buen trato es contagioso y nos llena de felicidad.

El reto de hoy:

Este reto te ayudará a practicar en casa el buen trato y también para que puedas reconocer cuándo estás dando o recibiendo un maltrato.

Toma una hoja y divídela en dos: De un lado será maltrato y el otro buen trato, deberás anotar las emociones o sentimientos que hayas vivido en tu día a día, en situaciones de maltrato o de buen trato.

Hasta aquí terminamos con, ¿Floreces o te marchitas? hasta pronto y VIVE SALUDABLEMENTE.

¡Buen trabajo!

Gracias por tu esfuerzo.

Para saber más: 

Lecturas 

https://www.conaliteg.sep.gob.mx/primaria.html

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